Elzaira Bilgewater
Elzaira nació en las callejuelas de Puerto Quebranto, donde la miseria era tan habitual como el hedor a pescado podrido y la sal impregnaba hasta las paredes de las viviendas más humildes. Junto a su hermano Jaskier, aprendió desde muy pequeña que sobrevivir exigía ingenio, astucia y, en ocasiones, unas manos rápidas. Ambos crecieron sin nadie que velara por ellos, mendigando entre los puestos del puerto y disputándose con las gaviotas los restos de pescado que conseguían robar. A veces, un mercader que regentaba un puesto en el mercado se apiadaba de ellos y les entregaba las sobras de sus ventas. Aquellos restos bastaban para engañar al hambre durante unas horas, aunque nunca para hacerles olvidar la vida miserable a la que parecían condenados.
Pero incluso en Puerto Quebranto había espacio para los sueños. Para escapar de una realidad que parecía condenarlos a una vida miserable, Elzaira y Jaskier jugaban a ser piratas. Las callejuelas se convertían en cubiertas de barcos imaginarios, los tablones podridos en puentes de abordaje y las viejas historias que escuchaban en el puerto, en aventuras que algún día protagonizarían. Se prometieron que navegarían juntos, que sus nombres serían conocidos en todos los rincones del mundo y que llegarían a ser los piratas más temidos de los mares. En aquellos años, cuando apenas se tenían el uno al otro, aquella promesa era mucho más que un juego: era la esperanza de que algún día dejarían de ser dos niños olvidados.
Fue también aquel mercader quien les reveló una verdad sobre su madre. Les confesó que había mantenido una relación con ella antes de que abandonara Puerto Quebranto y que la mujer se había marchado aterrorizada ante la posibilidad de que sus hijos acabaran convirtiéndose en hombres como su padre. Aquellas palabras dejaron más preguntas que respuestas, pero Elzaira y Jaskier comprendieron que el hombre al que nunca habían conocido debía de ser alguien de quien su madre había necesitado huir.
Ocho años después, los rumores anunciaron el regreso de Jagger Bilgewater a Puerto Quebranto. Su nombre inspiraba temor y desprecio entre quienes frecuentaban los puertos, pero para los dos hermanos era, ante todo, el nombre del padre al que nunca habían conocido. Movidos por la curiosidad y por la esperanza de descubrir qué clase de hombre era, acudieron a la taberna donde se alojaba. Quizá esperaban encontrar a un pirata dispuesto a enseñarles cuanto sabía, o al menos a alguien que reconociera en ellos algo más que dos desconocidos. Sin embargo, Jagger apenas les prestó atención. Su interés se centró en Jaskier, a quien pareció considerar un posible tripulante para sus futuros viajes. Elzaira, en cambio, recibió poco más que desprecio.
Jagger le dijo que el mar no era lugar para mujeres y que haría mejor en buscarse un trabajo fregando platos en alguna taberna o vendiendo pescado en el puerto. No le ofreció una oportunidad, no mostró curiosidad por sus sueños ni pareció importarle que aquella niña hubiera sobrevivido durante ocho años sin su ayuda. Para él, Elzaira no tenía cabida entre su tripulación. Y en aquel instante, la joven comprendió que el hombre al que había acudido buscando respuestas no era alguien de quien pudiera esperar nada.
«Mi hermano y yo juramos que seríamos los piratas más temidos de los mares. Él eligió aprender del monstruo. Yo elegí acabar con él.»
