Odo de Dunwall
Odo siempre ha sido un hombre sencillo. Criado en la pequeña aldea de Dunwall, está acostumbrado al trabajo duro y a conformarse con poco. Durante años, él y su esposa Adella soñaron con tener un hijo, pero la escasa fertilidad de ella hizo que aquel deseo tardara mucho en hacerse realidad. Cuando por fin llegó, ambos volcaron en él todo el amor que habían guardado durante tanto tiempo.
Con los años, su hijo formó su propia familia. Sin embargo, la felicidad duró poco. Su esposa murió al dar a luz a dos gemelos, un niño y una niña, y él jamás consiguió sobreponerse a la pérdida. Hundido en la tristeza, comenzó a refugiarse en la bebida hasta que una noche, borracho, se enzarzó en una pelea con un noble. El enfrentamiento terminó con su muerte, de una forma vulgar y despiadada, como si su vida no hubiera valido nada. Para los pobres, la justicia rara vez existe cuando la sangre derramada pertenece a alguien sin poder ni fortuna.
Desde entonces, Odo y Adella han dedicado sus vidas a criar a sus nietos como si fueran sus propios hijos, refiriéndose a ellos como tal. Mientras ella permanece en casa, ocupándose de las tareas y cuidando de los pequeños, Odo trabaja en su modesta granja de Dunwall, donde cría cerdos y otros animales que después vende en distintos mercados.
Con la ayuda de Rucio, su viejo caballo, recorre los caminos con su carro cargado de animales. Uno de sus destinos habituales es el mercado de Ravenscar, lo bastante cercano a Dunwall como para hacer el viaje con frecuencia y donde suele conseguir buenos precios. Es una vida humilde, marcada por el esfuerzo y las preocupaciones, pero no necesita mucho más. Mientras pueda llevar comida a casa y ver crecer a los gemelos, todavía tiene motivos para seguir adelante.
«El mundo puede ser cruel, muchacho. Procura no serlo tú también.»
