Consultando el archivo de criaturas...
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Registro del Onirario · Neutral
La niña llama Bobby a esta enorme criatura, semejante a un oso deformado, con patas desproporcionadas, espinas óseas, ojos completamente blancos y varias hileras de dientes.
Anotaciones
La niña lo llamó Bobby.
No sé si ese es su verdadero nombre, si se trata de un apodo o si estas criaturas siquiera necesitan nombres. Es lo único que tengo para referirme a él, y por ahora deberá bastar.
Nunca había visto una bestia semejante. A primera vista recordaba a un oso, aunque aquella comparación resulta insuficiente para describir lo que apareció tras la niña. Sus patas eran demasiado largas y sus hombros se elevaban varios cuerpos por encima de ella. Su tamaño habría bastado para distinguirlo de cualquier animal conocido, pero era su anatomía lo que lo convertía en algo verdaderamente antinatural.
Un pelaje negro, espeso y apelmazado cubría su cuerpo. De aquella masa oscura sobresalían espinas óseas y jirones de piel desgarrada que parecían fundirse con las sombras, como si sus límites no estuvieran del todo definidos. No sabría decir si eran heridas, deformidades o partes de su cuerpo que nunca llegaron a adquirir una forma completa.
Su cabeza era la parte más aterradora. Dos ojos completamente blancos permanecían fijos al frente, sin que pudiera distinguir en ellos expresión alguna. Bajo ellos se abría una boca desmesurada, repleta de varias hileras de dientes irregulares. Demasiados para pertenecer a un animal. Demasiados para que su presencia resultara natural.
Y, sin embargo, caminaba con una calma absoluta.
Seguía a la niña a un ritmo lento e inalterable, manteniendo siempre la misma distancia. No se adelantaba ni se retrasaba. No parecía vigilar los alrededores ni reaccionar ante nada que sucediera a su alrededor. Simplemente la seguía, como si aquella fuera su única función.
Cuando ambos se acercaron a mí, no observé en él ninguna señal evidente de agresividad. Tampoco puedo afirmar que no la hubiera. No intentó atacarme, pero no tengo motivos para creer que careciera de esa capacidad. La niña no parecía temerlo, y él no hizo nada que indicara que pudiera representar una amenaza para ella.
Lo más extraño fue comprobar que ninguno de los dos se sorprendió al encontrarme.
La niña se detuvo apenas un instante y le preguntó si había visto algo. Después afirmó que yo ya olía como ellos. No sé qué significado tenían aquellas palabras, ni si Bobby comprendió lo que su acompañante le estaba diciendo. La criatura no respondió. Continuó caminando tras ella cuando reanudó la marcha.
Ambos terminaron desapareciendo entre la niebla.
Me pregunto qué clase de vínculo los une. ¿Es Bobby un guardián? ¿Un sirviente? ¿Una criatura que ha elegido seguirla? No tengo pruebas para defender ninguna de estas posibilidades. La naturalidad con la que caminaba tras ella me hace pensar que su relación no se limita a la de un depredador y su presa, pero eso es todo cuanto puedo deducir.
Tampoco sé si Bobby es único o si existen otros seres semejantes en el Páramo. Su tamaño y su aspecto podrían hacer pensar que sería imposible confundirlo con otra criatura, pero en este lugar he aprendido que la apariencia no basta para comprender nada.
No he visto cómo se alimenta, cómo reacciona ante una amenaza ni de qué manera utiliza las espinas que sobresalen de su cuerpo. Ignoro si necesita alimentarse siquiera.
Por ahora, no puedo atribuirle más características que las que he observado.
Bobby es una criatura monstruosa que camina junto a una niña como si ambos pertenecieran al mismo mundo. Lo que más me inquieta no es que ella parezca confiar en él, sino que ninguno de los dos parezca considerar extraño que yo esté allí.