Consultando el archivo de criaturas...
Consultando el archivo de criaturas...
Registro del Onirario · Cambiaformas
He visto a tres criaturas introducirse en el cuerpo de otras tantas ovejas y transformarlas en lobos cubiertos de jirones de lana.
Anotaciones
No estoy seguro de haber comprendido lo que vi aquella noche. Cuanto más intento ordenar mis recuerdos, más convencido estoy de que aquellas criaturas no obedecían a ninguna ley natural que yo conozca.
Eran tres.
Emergieron de la niebla. Tenían cuerpos estrechos, casi consumidos, con la piel estirada sobre las costillas y unas extremidades demasiado largas para su tamaño. Caminaban a cuatro patas, aunque sus articulaciones se doblaban en ángulos que me resultaban desagradables incluso de contemplar. Cada movimiento parecía exigirles un esfuerzo que no se correspondía con la lentitud con la que avanzaban.
Pero lo más extraño eran sus cabezas. Pálidas, lisas y redondeadas, semejantes a pequeños cráneos pulidos. No pude distinguir ojos, hocico ni ningún otro rasgo que me permitiera reconocer en ellas el rostro de un animal. Se desplazaban en silencio, balanceándose ligeramente, como si escucharan algo que yo no podía oír.
Aparecieron en aquel lugar mientras el sueño de Odo se extendía a mi alrededor. La granja, las ovejas y todo cuanto pertenecía a aquel recuerdo parecían tan reales que durante unos instantes olvidé dónde me encontraba.
Entonces las criaturas se acercaron al rebaño.
No sé describir con exactitud lo que ocurrió después. Las vi aproximarse a las ovejas y, de alguna manera que todavía no comprendo, introducirse en sus cuerpos. No fue como ver a un animal abalanzarse sobre otro. Había algo distinto en sus movimientos, algo que me hizo pensar que aquellas cosas no pretendían alimentarse de las ovejas, sino ocuparlas.
Los animales comenzaron a retorcerse.
Sus cuerpos se estremecieron con violencia y la carne pareció desgarrarse desde dentro. Durante unos instantes tuve la impresión de que algo ajeno estaba abriéndose paso bajo la piel, deformando cuanto encontraba a su alrededor. No sé si aquello fue una transformación, una posesión o algo para lo que todavía no tengo palabras.
Cuando todo terminó, ya no quedaban ovejas.
En su lugar había lobos.
O, al menos, criaturas que se parecían a ellos. Se movían sobre cuatro patas y tenían la forma de lobos, pero conservaban jirones de lana adheridos al cuerpo, como si la apariencia anterior de los animales no hubiera desaparecido por completo. Aquellos restos blancos sobre sus cuerpos me produjeron una repulsión que aún recuerdo. Parecía que las ovejas hubieran sido obligadas a convertirse en algo que nunca debieron ser.
¿Habían muerto los animales? ¿Seguían vivos de alguna manera dentro de aquellas nuevas formas? ¿Eran las criaturas que había visto al principio las que ocupaban sus cuerpos, o acaso solo habían provocado el cambio y después se habían desvanecido en su interior?
No puedo responder a ninguna de estas preguntas.
Tampoco sé qué pretendían. Durante unos instantes pensé que iban a atacar a Odo y a su familia, pero nunca llegué a descubrir sus intenciones. No puedo afirmar que buscaran hacerles daño. Quizá aquello formaba parte del sueño por alguna razón que desconozco. Quizá ni siquiera reparaban en la presencia de los humanos.
Cuando el paisaje se deshizo y la granja desapareció, volví a encontrarme en el Páramo. Los lobos seguían allí.
Se acercaron despacio. Uno de ellos bajó la cabeza y olfateó el aire a mi alrededor, hasta aproximarse lo suficiente para que sintiera que me estaba examinando. No gruñó ni mostró los dientes. Tampoco intentó atacarme. Simplemente olfateó, como si buscara reconocer un rastro.
Por un instante tuve la impresión de que había encontrado algo familiar.
Después, los tres continuaron su camino juntos y se internaron en la niebla rojiza hasta desaparecer por completo.
No los perseguí.
He decidido llamarlos Desollados, aunque ignoro si el nombre describe lo que son o solamente el horror que me produce recordarlos.
Por lo que he podido observar, parecen capaces de introducirse en otros cuerpos y modificar su forma desde el interior. No sé si necesitan que el cuerpo esté vivo, si pueden controlar a la criatura que ocupan o si la transformación destruye aquello que había antes. Tampoco sé si los lobos eran una forma definitiva o si solo representaban una etapa de algo más complejo.
Lo único que puedo afirmar es que las ovejas dejaron de ser ovejas, y que los seres que aparecieron después conservaban sobre su piel los restos de aquello que habían sido.
No sé si los Desollados cazan, poseen o transforman. Solo sé que, cuando los vi marcharse, no pude evitar preguntarme qué habían reconocido en mí.