Consultando el archivo de criaturas...
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Registro del Onirario · Desconocida
Conozco a los cuervos del mundo de los hombres, pero también aparecen en el Páramo. Sus graznidos parecen acercarse desde la niebla y, en ocasiones, preceden a acontecimientos que no consigo explicar.
Anotaciones
Los cuervos no son criaturas extrañas por sí mismos. Los he visto en el mundo de los hombres, posados en las ramas de los árboles, sobre las ruinas y en los lugares donde la tierra parece haber olvidado la vida. Su presencia nunca me ha sorprendido. Son aves que pertenecen a este mundo, como tantas otras.
Lo que no consigo comprender es por qué también aparecen en mis sueños.
Los he visto en el Páramo, bajo aquella luna roja que tiñe la roca de un resplandor enfermizo. Recuerdo sus graznidos rompiendo el silencio y sus siluetas oscuras recortándose contra paisajes que no deberían existir. En ocasiones, su presencia parece preceder a otros acontecimientos, aunque no puedo asegurar que exista una relación entre ambas cosas.
En uno de mis encuentros más recientes, escuché un graznido a lo lejos, oculto tras la niebla. Después de percibir unas voces que no conseguí localizar, el sonido volvió a repetirse, cada vez más cerca, hasta que tuve la impresión de que el ave se encontraba justo encima de mi cabeza. No llegué a distinguirla con claridad antes de que el paisaje desapareciera.
También recuerdo haber visto cuervos antes de la aparición de aquella inmensa grieta y de las fauces que surgieron de ella. No sé si aquellas aves anunciaban la llegada de la criatura, si simplemente estaban allí o si mi memoria ha unido acontecimientos que no guardan relación entre sí.
No tengo motivos para considerar sobrenaturales a los cuervos que habitan el mundo físico. Sin embargo, su presencia recurrente en mis sueños me impide ignorarlos por completo. ¿Son simples imágenes tomadas de mis recuerdos? ¿Existe alguna razón por la que aparecen en ambos lugares? ¿O soy yo quien busca un significado en algo que no lo tiene?
Tampoco puedo afirmar que los cuervos que veo en el Páramo sean distintos de los que conozco fuera de él. Nunca he tenido ocasión de examinarlos lo suficiente como para establecer una diferencia. Y, por ahora, tampoco he encontrado prueba alguna de que estén relacionados con la enorme bestia de pico negro que surgió de la grieta. Su semejanza no basta para concluir que pertenecen a una misma naturaleza.
He decidido registrarlos en este cuaderno no porque desconozca qué es un cuervo, sino porque desconozco qué significa encontrarlo en un lugar como aquel.
Hay criaturas que me inquietan porque no comprendo qué son. Los cuervos me inquietan por una razón distinta: sé lo que son, pero no comprendo por qué me acompañan incluso cuando duermo.