Consultando el archivo de criaturas...
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Registro del Onirario · Miedosa
He encontrado una criatura humanoide de piel pálida y huesos deformes, cuyo rostro termina en un largo pico córneo semejante al de un cuervo.
Anotaciones
La primera vez que lo encontré estaba agazapado sobre una roca, abrazándose las rodillas y balanceándose lentamente hacia delante y hacia atrás. Desde la distancia podría haberlo confundido con un hombre encorvado, aunque bastó con acercarme unos pasos para comprender que no había nada humano en aquella figura.
Su piel era de una palidez enfermiza, tan tensa sobre el cuerpo que permitía distinguir las costillas y las articulaciones de unos huesos deformes. No parecía tener carne suficiente para cubrirlos. Pero lo más extraño era su cabeza. Allí donde debería encontrarse un rostro se alzaba un largo pico córneo, semejante al de un cuervo. Dos ojos enormes y completamente negros destacaban en aquella cabeza imposible, fijos en un punto que al principio no supe identificar.
El pico se entreabría de vez en cuando, dejando escapar un murmullo débil e incomprensible. Alcancé a distinguir el movimiento de su lengua en el interior, aunque no sabría decir si intentaba formar palabras o si aquel sonido era algo muy distinto de lo que nosotros entendemos por hablar.
Al principio no pareció advertir mi presencia. Continuó balanceándose, como si estuviera atrapado en un pensamiento del que no lograba desprenderse. Me acerqué movido por la curiosidad. Ahora considero que fue una imprudencia.
Cuando el sonido de mis pasos llegó hasta él, se quedó inmóvil.
Entonces volvió sus ojos hacia mí.
La criatura comenzó a temblar y retrocedió torpemente, como un animal acorralado. Su pico se abrió y de él surgieron unas palabras entrecortadas, casi inaudibles.
«Amo…»
Después repitió algo que sonó como una negativa.
«No… no…»
No sé si intentaba hablar conmigo, si me confundía con alguien o si aquellas palabras no significaban nada en absoluto. Lo que sí recuerdo es el terror que parecía dominarla. No se abalanzó sobre mí ni mostró intención alguna de atacarme. Quería alejarse. Huía de mí como si yo fuera aquello que debía temer.
Finalmente, abrió el pico y emitió un grito tan terrible que todavía me cuesta recordar su sonido sin sentir un escalofrío.