
Las calles de Ravenscar serpentean entre antiguas construcciones de piedra, callejones estrechos y escalinatas desgastadas por el paso de incontables generaciones. Al caer la noche, la luz de los faroles tiñe los adoquines húmedos de tonos dorados, mientras las sombras se adueñan de los rincones y el silencio envuelve sus rincones más antiguos.






